Durante los últimos días comenzó a circular con fuerza una noticia que despertó la curiosidad de miles de personas: un hongo capaz de degradar plástico. La publicación fue difundida por la investigadora y divulgadora científica @vickyvalfer, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien explicó cómo ciertos hongos están siendo estudiados por su enorme potencial para enfrentar uno de los problemas ambientales más importantes de nuestro tiempo.
Aunque la idea de un "hongo que come plástico" parece salida de una película de ciencia ficción, detrás de ese titular existe una base científica muy interesante. No significa que un hongo vaya recorriendo los basurales devorando botellas, sino que algunas especies producen enzimas capaces de romper estructuras químicas que durante décadas se consideraron prácticamente indestructibles.
El plástico: un material extraordinario... y un problema enorme
El plástico revolucionó la vida moderna. Es liviano, resistente, barato y extremadamente versátil. Gracias a estas propiedades está presente en envases, electrodomésticos, vehículos, hospitales, dispositivos electrónicos y prácticamente cualquier objeto cotidiano.
El problema aparece cuando esos materiales llegan al final de su vida útil.
Cada año se producen cientos de millones de toneladas de plástico en todo el mundo, y una gran parte termina acumulándose en rellenos sanitarios, ríos, océanos y suelos. Muchos de estos materiales pueden permanecer intactos durante cientos de años antes de degradarse naturalmente.
Mientras tanto, el desgaste de esos plásticos genera microplásticos que ya fueron detectados en el agua potable, los alimentos, el aire e incluso en tejidos del cuerpo humano.
La ciencia busca alternativas desde distintos frentes: reducir el consumo, desarrollar bioplásticos, mejorar el reciclado y encontrar organismos capaces de acelerar la degradación de estos materiales.
Un hongo con una capacidad inesperada
Entre esas investigaciones aparece Aspergillus tubingensis, un hongo filamentoso perteneciente al mismo género que otras especies ampliamente estudiadas en microbiología.
Lo que llamó la atención de los investigadores fue su capacidad para degradar poliuretano, un plástico utilizado en espumas, colchones, aislantes, adhesivos, pinturas y numerosos productos industriales.
En condiciones de laboratorio, este hongo produce enzimas capaces de romper los enlaces químicos del poliuretano. Al fragmentar esas largas cadenas moleculares, transforma un material extremadamente resistente en compuestos mucho más simples que luego puede incorporar a su metabolismo.
En otras palabras, el hongo no "mastica" plástico como lo haría un animal. Lo descompone mediante procesos bioquímicos extremadamente sofisticados que la evolución perfeccionó durante millones de años.
¿Por qué este descubrimiento es tan importante?
Lo verdaderamente interesante no es solamente el hongo, sino las enzimas que produce.
Si los científicos logran comprender con precisión cómo funcionan estos mecanismos, podrían desarrollar nuevas tecnologías para acelerar el tratamiento de residuos plásticos mediante procesos biológicos mucho más limpios que algunos métodos industriales actuales.
Todavía estamos lejos de ver plantas de reciclaje funcionando únicamente con hongos, pero este tipo de investigaciones demuestra que la naturaleza ya desarrolló soluciones que apenas estamos empezando a comprender.
El aporte de la ciencia argentina
La reciente publicación de @vickyvalfer, investigadora y divulgadora científica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ayudó a acercar este tema al público general y despertó el interés por una línea de investigación que combina microbiología, biotecnología y sustentabilidad.
Al mismo tiempo, distintos grupos de investigación de la UBA y del CONICET trabajan en el desarrollo de nuevos materiales biodegradables, en el estudio de los microplásticos presentes en el ambiente y en estrategias biotecnológicas que permitan reducir el impacto de la contaminación plástica.
Cada uno de estos avances forma parte de un mismo objetivo: encontrar soluciones sostenibles para uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.
Los hongos todavía tienen mucho para enseñarnos
Cuando pensamos en hongos solemos asociarlos con alimentos o suplementos. Sin embargo, el Reino Fungi cumple funciones muchísimo más amplias.
Existen especies capaces de degradar petróleo, pesticidas, madera, metales pesados y distintos contaminantes ambientales. Otras producen antibióticos, enzimas industriales o compuestos con aplicaciones médicas.
Cada nuevo descubrimiento confirma una idea que la ciencia viene reforzando desde hace décadas: los hongos son algunos de los organismos más eficientes del planeta para reciclar materia.
Y quizás esa sea una de las lecciones más interesantes de esta historia.
Mientras nosotros llevamos apenas un siglo utilizando plásticos sintéticos, la naturaleza lleva millones de años perfeccionando herramientas para descomponer materiales complejos. Tal vez muchas de las soluciones ambientales del futuro no surjan únicamente de nuevas máquinas o nuevas fábricas, sino también de comprender mejor a organismos que han estado trabajando silenciosamente desde mucho antes de que apareciera nuestra especie.
En un momento en que la contaminación por plásticos parece un problema inmenso, descubrir que un simple hongo puede aportar parte de la respuesta nos recuerda algo fundamental: la naturaleza todavía guarda muchísimas soluciones que apenas comenzamos a descubrir.
