LA PROTEÍNA QUE SE CONVIRTIÓ EN OBSESIÓN

Durante años estuvo en las cremas. Después llegó a los polvos, los cafés, los suplementos y los batidos. Pero ¿qué es realmente el colágeno y qué pasa con él a medida que envejecemos?

Hay palabras que aparecen de golpe en todas partes.

Colágeno es una de ellas.

Primero fueron las cremas “con colágeno”. Después aparecieron las cápsulas, los péptidos hidrolizados, los polvos para mezclar con café, los suplementos para la piel y, finalmente, una generación entera hablando de “estimular el colágeno”.

La conversación parece nueva.

La proteína, definitivamente, no lo es.

El colágeno es una de las principales proteínas estructurales del organismo y representa aproximadamente entre el 25% y el 30% de todas las proteínas corporales. Está presente en la piel, los huesos, los tendones, los cartílagos y otros tejidos conectivos.

Pero hay algo más interesante que saber que el colágeno existe:

entender qué pasa cuando dejamos de producirlo al mismo ritmo.


PRIMERO: ¿QUÉ ES EL COLÁGENO?

Imaginemos la piel como una estructura.

No solamente como una superficie que vemos frente al espejo, sino como una arquitectura formada por diferentes capas, células y una compleja red de proteínas.

En esa arquitectura, el colágeno funciona como uno de los principales materiales estructurales.

La dermis —la capa de la piel ubicada debajo de la epidermis— contiene una matriz extracelular rica en colágeno. Allí, los fibroblastos son las células encargadas de producir y mantener buena parte de esa estructura.

El colágeno aporta resistencia, estructura y soporte.

Por eso, cuando hablamos de envejecimiento cutáneo, no estamos hablando simplemente de “tener menos colágeno”.

También hablamos de cómo cambia su organización, cómo se fragmenta y cómo cambia la capacidad de las células para producirlo.

Y ahí empieza la historia.


EL COLÁGENO NO DESAPARECE DE UN DÍA PARA EL OTRO

El cuerpo produce colágeno durante toda la vida.

Lo que cambia es el equilibrio entre cuánto producimos y cuánto degradamos.

Con el paso del tiempo, la actividad de los fibroblastos disminuye y la síntesis de nuevo colágeno se reduce. Al mismo tiempo, aumentan procesos que favorecen la fragmentación y degradación de las fibras existentes.

Es decir:

menos producción + más degradación = menos estructura.

Y la piel empieza a reflejarlo.

Menor densidad de la matriz dérmica, pérdida de elasticidad, cambios en la firmeza y aparición progresiva de arrugas son algunas de las consecuencias asociadas a estos cambios estructurales.

Pero el paso del tiempo no es el único protagonista.


EL SOL TAMBIÉN TIENE ALGO QUE DECIR

Si hubiera que elegir uno de los grandes factores externos relacionados con la degradación del colágeno, la radiación ultravioleta estaría bastante arriba en la lista.

La exposición UV genera estrés oxidativo y activa enzimas conocidas como metaloproteinasas de matriz (MMP).

Entre otras funciones, estas enzimas participan en la degradación de las fibras de colágeno. La exposición crónica puede alterar la estructura de la matriz extracelular y dificultar la capacidad de los fibroblastos para mantenerla.

Por eso existe una diferencia entre:

envejecimiento intrínseco

y

fotoenvejecimiento.

Uno forma parte del paso del tiempo.

El otro tiene mucho que ver con todo lo que acumulamos durante esos años.

Sol, estrés oxidativo, tabaquismo y otros factores ambientales pueden contribuir al deterioro de la estructura dérmica.

La piel, en cierto sentido, lleva un registro.


ENTONCES, ¿PODEMOS “RECUPERAR” EL COLÁGENO?

Acá conviene hacer una pausa.

Porque la industria del bienestar muchas veces convierte una pregunta compleja en una respuesta demasiado sencilla:

“Tomá colágeno y producí más colágeno.”

La biología no funciona exactamente así.

La síntesis de colágeno depende de células, señales, nutrientes y procesos metabólicos.

Por ejemplo, la vitamina C es necesaria para la biosíntesis normal de colágeno.

Y existen diferentes estrategias estudiadas para favorecer el mantenimiento de la matriz extracelular: proteger la piel de la radiación UV, mantener una alimentación adecuada, evitar el tabaquismo y estudiar compuestos capaces de modular la actividad de los fibroblastos y las vías relacionadas con la síntesis de colágeno.

Incluso la suplementación con colágeno hidrolizado ha sido estudiada en ensayos clínicos. Una revisión y metaanálisis de 26 estudios aleatorizados encontró mejoras estadísticamente significativas en hidratación y elasticidad de la piel, aunque los autores también señalan la necesidad de estudios más grandes y rigurosos.

Pero hay otra pregunta interesante:

¿y si no pensamos solamente en consumir colágeno?


ENTRA EN ESCENA LA TREMELLA

La Tremella fuciformis es un hongo conocido también como “snow mushroom” o hongo de nieve.

Y durante los últimos años empezó a llamar la atención en el mundo de la cosmética y el cuidado de la piel.

¿La razón?

Sus polisacáridos.

Estos compuestos tienen una particular capacidad de interactuar con el agua y han despertado interés por su potencial relación con la hidratación, la barrera cutánea y diferentes mecanismos vinculados al envejecimiento de la piel.

Pero la historia se pone todavía más interesante.

Un estudio publicado recientemente evaluó un extracto de Tremella sobre fibroblastos dérmicos humanos y encontró que, bajo determinadas condiciones experimentales, el extracto aumentó la biosíntesis de colágeno. En la concentración más alta estudiada, la biosíntesis de colágeno alcanzó aproximadamente el 135,6% del control.

Otro trabajo, realizado también sobre fibroblastos humanos, estudió los polisacáridos de Tremella frente al daño producido por radiación UVA. En ese modelo experimental, el tratamiento redujo marcadores de estrés oxidativo y aumentó los niveles de colágeno I, elastina y ácido hialurónico.

¿Significa esto que la Tremella “reemplaza al colágeno”?

No.

Y justamente ahí está lo interesante.

No estamos hablando de consumir colágeno. Estamos hablando de estudiar cómo determinados compuestos de un hongo pueden interactuar con procesos relacionados con la salud y estructura de la piel.

La diferencia parece pequeña.

Biológicamente, no lo es.


TREMELLA: EL HONGO QUE EMPEZÓ A MIRARSE CON OTROS OJOS

Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de hongos funcionales, la conversación giraba principalmente alrededor de inmunidad, energía, estrés o concentración.

Tremella abrió otra puerta.

Una relacionada con la piel.

Sus polisacáridos, su capacidad de retención de agua y sus posibles efectos sobre mecanismos antioxidantes y celulares la convirtieron en un ingrediente de interés dentro de la investigación dermocosmética.

Pero hay que mantener una diferencia importante:

una cosa es que un compuesto muestre actividad en células o modelos animales y otra es demostrar un efecto clínico consistente en personas.

En Tremella, gran parte de la evidencia disponible todavía corresponde a estudios in vitro y modelos animales, por lo que la investigación clínica sigue siendo necesaria.

Y eso no le quita interés.

Al contrario.

Nos permite mirar al hongo desde un lugar mucho más interesante que el de una simple “alternativa natural”.


¿CÓMO SE INCORPORA?

En Fungishop trabajamos la Tremella en diferentes formatos, porque no todas las personas construyen sus hábitos de la misma manera.

Tremella molida

Para quienes prefieren incorporar el hongo directamente a su rutina diaria y combinarlo con alimentos o bebidas.

Tremella en cápsulas

Una alternativa práctica para quienes buscan una forma simple y precisa de incorporarla.

Tremella en extracto

Una presentación concentrada pensada para quienes prefieren trabajar con extractos de hongos funcionales.

Tres formatos.

Un mismo hongo.

Y una idea bastante más interesante que perseguir una molécula aislada:

entender qué necesita nuestro organismo para mantener sus propios procesos funcionando.


EL COLÁGENO NO ES EL ENEMIGO DEL TIEMPO

Quizás ese sea el cambio de perspectiva más interesante.

El objetivo no debería ser “no envejecer”.

Envejecer es parte de la biología.

La pregunta es otra:

¿cómo acompañamos al organismo mientras atraviesa ese proceso?

Cuidar la piel del sol.

Asegurar una alimentación adecuada.

Consumir nutrientes necesarios para sus procesos de reparación y síntesis.

Dormir.

Moverse.

Evitar el tabaco.

Y también investigar qué compuestos naturales pueden tener un lugar dentro de una estrategia integral de bienestar.

El colágeno es una parte de esa conversación.

La Tremella es otra.

Y quizás el verdadero cambio de paradigma sea dejar de pensar solamente en qué podemos agregarle al cuerpo y empezar a preguntarnos también:

qué podemos hacer para ayudarlo a seguir haciendo bien lo que ya sabe hacer.