¿Qué está encontrando la ciencia?

La enfermedad de Alzheimer no aparece simplemente cuando una persona empieza a olvidarse de algunas cosas. Es una enfermedad neurodegenerativa compleja en la que, con el tiempo, se producen alteraciones en las neuronas, las conexiones entre ellas y distintos procesos biológicos que sostienen el funcionamiento cerebral.

Entre los mecanismos más estudiados aparecen la acumulación de beta-amiloide, las alteraciones de la proteína tau, la neuroinflamación, el estrés oxidativo y la pérdida progresiva de conexiones neuronales. Actualmente se entiende que estos procesos están relacionados entre sí y pueden contribuir conjuntamente al deterioro neuronal.

Y en este escenario aparece un hongo que viene despertando interés científico: Melena de León (Hericium erinaceus).

No porque sea una “cura natural” para el Alzheimer, sino porque algunos de sus compuestos parecen actuar sobre mecanismos que tienen relación con la salud y supervivencia de las neuronas.

El cerebro no funciona solamente porque las neuronas estén ahí

Para entender por qué la Melena de León resulta interesante, primero hay que hablar de algo llamado neurotrofinas.

Son proteínas que participan en el crecimiento, mantenimiento y supervivencia de las neuronas. Una de las más conocidas es el NGF, factor de crecimiento nervioso.

El NGF interviene en el desarrollo y mantenimiento de determinadas poblaciones neuronales y en procesos relacionados con la plasticidad neuronal.

Y acá aparecen las erinacinas, un grupo de compuestos presentes principalmente en el micelio de Hericium erinaceus.

Las investigaciones preclínicas han encontrado que determinadas erinacinas, especialmente erinacina A, pueden estimular vías relacionadas con la producción de NGF y ejercer efectos neuroprotectores en modelos experimentales.

Esto es importante porque el interés científico por la Melena de León no parte simplemente de observar que “alguien se acuerda mejor de las cosas”.

Existe un mecanismo biológico que puede ayudar a explicar por qué este hongo está siendo estudiado.


¿Y qué tiene que ver esto con el Alzheimer?

Mucho de lo que se investiga actualmente alrededor de Hericium erinaceus ocurre en modelos celulares y animales.

En diferentes modelos de Alzheimer, extractos y compuestos del hongo han mostrado efectos sobre algunos procesos relacionados con la enfermedad: estrés oxidativo, inflamación, acumulación de beta-amiloide, fosforilación de tau y supervivencia neuronal.

Uno de los trabajos más recientes, publicado en 2026, estudió un extracto acuoso de Hericium erinaceus rico en ergotioneína en ratones modificados para desarrollar características similares a las de la enfermedad de Alzheimer.

Después de 90 días, los animales tratados mostraron mejoras en pruebas de aprendizaje y memoria, junto con una reducción de la acumulación de beta-amiloide, de la fosforilación de tau y de determinados marcadores inflamatorios y de estrés oxidativo.

Es un resultado interesante.

Pero es importante entender qué significa: es evidencia preclínica, no una demostración de que el mismo efecto ocurra en personas con Alzheimer.


Hay algo todavía más interesante: estudios en humanos

Acá la conversación cambia.

Porque ya existen investigaciones clínicas con Hericium erinaceus.

En un ensayo doble ciego y controlado con placebo, realizado en personas con deterioro cognitivo leve, 30 participantes de entre 50 y 80 años consumieron Melena de León o placebo durante 16 semanas.

El grupo que recibió Hericium erinaceus obtuvo mejores resultados en la escala cognitiva utilizada en el estudio durante las semanas 8, 12 y 16. Después de suspender el consumo, las puntuaciones disminuyeron durante las cuatro semanas siguientes.

Ese estudio no fue realizado específicamente en pacientes con Alzheimer, sino en personas con deterioro cognitivo leve.

Pero existe también un pequeño ensayo clínico directamente relacionado con Alzheimer.

En ese estudio, personas con Alzheimer leve recibieron durante 49 semanas un extracto de micelio de Hericium erinaceus enriquecido en erinacina A o placebo.

El grupo tratado mostró una mejora significativa en la puntuación del Mini-Mental State Examination (MMSE) y diferencias favorables en una medida de actividades de la vida diaria frente al grupo placebo.

Es uno de los resultados clínicos que explica por qué la Melena de León sigue siendo objeto de investigación en este campo.


¿Qué está haciendo realmente la Melena de León?

La respuesta más interesante no es “mejora la memoria”.

Es bastante más compleja.

La hipótesis científica es que determinados compuestos de Hericium erinaceus pueden actuar sobre varias vías relacionadas con la salud neuronal al mismo tiempo.

Por un lado, las erinacinas están vinculadas con vías neurotróficas como el NGF.

Por otro, distintos extractos del hongo han mostrado actividad relacionada con el estrés oxidativo y la inflamación.

Y en modelos experimentales también se investigó su relación con procesos vinculados con beta-amiloide y tau, dos de los principales componentes de la patología de Alzheimer.

En 2026, por ejemplo, investigadores estudiaron específicamente la erinacina A frente a agregados de beta-amiloide y estrés del retículo endoplasmático en células neuronales. Encontraron que la molécula redujo la agregación de beta-amiloide y protegió a las células frente a mecanismos asociados con muerte celular.

Otra vez: células en laboratorio.

Pero el dato es relevante porque muestra que los investigadores ya no están preguntándose solamente si la Melena de León “sirve para la memoria”. Están intentando entender qué moléculas del hongo podrían interactuar con mecanismos concretos de la neurodegeneración.


Erinacinas, hericenonas y una diferencia importante

Cuando hablamos de Melena de León también hay que prestar atención a qué parte del hongo estamos estudiando.

Las erinacinas son compuestos característicos del micelio y son especialmente interesantes por su actividad neurotrófica.

Las hericenonas, presentes principalmente en el cuerpo fructífero, también fueron estudiadas por sus efectos sobre vías relacionadas con el sistema nervioso.

Por eso, decir simplemente “Melena de León” puede ser demasiado amplio desde el punto de vista científico.

Un extracto de cuerpo fructífero y un extracto de micelio enriquecido en erinacinas no necesariamente tienen la misma composición ni el mismo perfil de compuestos bioactivos.

Esto es especialmente importante cuando se comparan estudios.


¿Entonces la Melena de León puede prevenir el Alzheimer?

Acá hay una distinción fundamental.

La investigación apunta a un potencial neuroprotector y cognitivo, pero todavía no existe evidencia clínica suficiente para afirmar que consumir Melena de León prevenga o detenga la enfermedad de Alzheimer.

Una revisión publicada en 2025 que analizó específicamente Hericium erinaceus y Alzheimer encontró resultados positivos tanto en estudios preclínicos como en algunos estudios clínicos, pero también señaló una cuestión central: todavía hacen falta más ensayos en humanos, con muestras mayores y protocolos estandarizados.

Eso no significa que todo lo investigado hasta ahora sea irrelevante.

Significa que estamos frente a una línea de investigación que pasó de los mecanismos de laboratorio a los primeros estudios clínicos y que ahora necesita investigaciones más grandes para determinar exactamente qué extractos funcionan, en qué dosis, durante cuánto tiempo y en qué personas.


El dato más interesante quizás sea otro

La Melena de León no está siendo estudiada únicamente porque pueda mejorar una prueba de memoria.

Lo que realmente está despertando interés es la posibilidad de que algunos de sus compuestos interactúen con mecanismos fundamentales para mantener la función neuronal.

NGF.

Neuroplasticidad.

Estrés oxidativo.

Inflamación.

Beta-amiloide.

Tau.

Son piezas diferentes de un mismo problema extremadamente complejo.

Y Hericium erinaceus aparece en varios de esos caminos.

Por eso hoy la Melena de León ocupa un lugar particular dentro de la investigación sobre envejecimiento cerebral: no porque exista evidencia de que sea una cura para el Alzheimer, sino porque hay resultados preclínicos y clínicos que justifican seguir estudiando qué puede hacer este hongo sobre el cerebro.

Y cuanto más se investiga, más interesante se vuelve la pregunta:

¿podría un hongo ayudar a proteger aquello que nos permite recordar quiénes somos?

Esa pregunta todavía está abierta.

Pero ya no parte de una simple hipótesis.

 

Parte de compuestos identificados, mecanismos biológicos estudiados y ensayos en humanos que están empezando a mostrar resultados.