UN MÚSICO CONVIRTIÓ LA ACTIVIDAD ELÉCTRICA DEL MICELIO EN MÚSICA

Una experiencia artística en Inglaterra propone escuchar algo que normalmente pasa inadvertido: la actividad eléctrica de los hongos.

Cuando pensamos en música, pensamos en instrumentos, voces, computadoras o sonidos de la naturaleza. Pero ¿qué pasaría si también pudiéramos crear música a partir de la actividad de un organismo vivo? Eso es lo que exploró Jason Singh, músico, compositor y DJ, al trabajar con hongos en los bosques del suroeste de Inglaterra.

Su proyecto, The Intelligence Below, forma parte de una experiencia artística que combina micología, tecnología y música. Para desarrollarlo, Singh pasó horas en los bosques de Fingle y Yarner, en Devon, utilizando sensores de biofeedback para registrar señales eléctricas asociadas al micelio y traducirlas en sonidos. La obra se presentó en el marco de Living Labyrinths, una exposición dedicada al universo de los hongos en el Royal Albert Memorial Museum de Exeter. Fuente: The Guardian.

¿Cómo se transforma un hongo en música?

Para entenderlo, primero hay que hablar del micelio. Es la red de filamentos que constituye gran parte del cuerpo de un hongo y que puede extenderse por el suelo, la madera y otros materiales orgánicos. Aunque muchas veces no lo vemos, el micelio está activo: crece, responde a las condiciones del ambiente y participa en procesos fundamentales para los ecosistemas.

Como otros organismos vivos, los hongos presentan actividad eléctrica. Los sensores pueden registrar variaciones de voltaje y un sistema electrónico puede convertir esos datos en señales sonoras. A partir de esa información, el músico construye una composición.

Esto no significa que el hongo esté creando melodías de manera consciente ni que produzca música tal como lo haría una persona. La tecnología funciona como un traductor: toma una señal biológica que normalmente no podemos escuchar y la convierte en algo audible.

La diferencia es importante. No estamos escuchando literalmente la voz de un hongo, sino una interpretación sonora de su actividad eléctrica.

¿Los hongos se comunican mediante electricidad?

La actividad eléctrica en los hongos es un campo de investigación que despierta interés porque puede aportar información sobre cómo responden a su entorno. Sin embargo, todavía hay mucho por comprender acerca de esas señales y de lo que significan en cada especie y situación.

Por eso conviene distinguir entre dos cosas: registrar cambios eléctricos es posible; interpretar esos cambios como un lenguaje con mensajes específicos es otra cuestión. Que una señal pueda transformarse en música no demuestra, por sí solo, que el hongo esté intentando comunicar algo.

Lo interesante es que la tecnología permite explorar esas señales desde una perspectiva distinta. En lugar de limitarse a observar la forma, el crecimiento o el comportamiento de un organismo, también es posible convertir parte de su actividad en una experiencia sensorial.

Cuando la ciencia se encuentra con el arte

La propuesta de Singh forma parte de una tendencia más amplia: artistas que utilizan organismos vivos, sensores y sistemas electrónicos para explorar otras maneras de relacionarnos con la naturaleza.

En este caso, el resultado no busca solamente producir una melodía curiosa. También invita a prestar atención a un mundo que suele pasar desapercibido. Estamos acostumbrados a pensar en los hongos por sus formas, por lo que comemos o por su función en el bosque, pero pocas veces imaginamos que su actividad puede convertirse en material para una composición musical.

¿cuántas cosas suceden en la naturaleza que no percibimos simplemente porque nuestros sentidos no están preparados para detectarlas?

Los sensores amplían esa percepción. Traducen datos invisibles o inaudibles a formatos que podemos experimentar, ya sea mediante imágenes, gráficos o sonidos. En este proyecto, el resultado es una pieza musical construida a partir de señales procedentes del micelio.

Una forma diferente de escuchar la naturaleza

Los hongos no necesitan producir música para ser fascinantes. Su capacidad para descomponer materia orgánica, formar asociaciones con plantas y participar en los ciclos de nutrientes ya los convierte en protagonistas fundamentales de los ecosistemas.

Pero propuestas como esta agregan otra dimensión: muestran que también podemos acercarnos a ellos desde la creatividad, la experimentación y la curiosidad.